Si como mujer no estoy bien, se me dificultará ser una mejor madre

“El día en que nació mi hija me sentía muy ilusionada y realizada, pero al mismo tiempo con miedo de la misión que tenía por delante. Dudaba sobre si sería capaz… ¿Estaría a la altura de ser madre, de darle a mi hija todo lo que necesita? ¿De educarla bien? Ese sentimiento era avasallador y me generó mucho miedo y vértigo. Aunque siempre había sido una mujer muy segura que nunca dudaba de sí misma, en lo que respecta a mi hija empecé a hacerlo. Lo que no me esperaba era que las personas de mi entorno notaran mi inseguridad y comenzaran a cuestionar mis decisiones como madre.

Un día le dije a mi madre que no quería que le diera galletas a mi hija. Pero ella no solo se las seguía dando, sino que lo hacía en mi propia cara. Supongo que, al ser mayor, mi madre se siente con más autoridad sobre su nieta. Sin embargo, aunque me sienta muy afortunada por contar con su ayuda en el cuidado de mi hija, para mí era importante que respetase mi decisión. Así que tuve que enfadarme y dejar de hablarle por una semana para que entendiera que no podía desautorizarme.

Me parece que se cuestiona mucho a las madres. Me siento bajo continuas críticas, ya que todo el mundo siente que debe darme su opinión. A menudo la gente se acerca y te dice cómo se deben hacer las cosas. Incluso las madres se protegen criticándose entre ellas, ya que ni ellas mismas están seguras de lo que hacen. En varias ocasiones he escuchado: ‘¿Pero tú no lo haces como yo?’.

La sociedad debería confiar más en las madres y nosotras en nuestra intuición. Puedes oír muchas opiniones pero no hay que olvidar que los niños no son todos iguales, por lo que uno no puede basarse al cien por cien en lo que cuentan los demás. No hay fórmulas perfectas o reglas para educar a tus niños, sino que en nuestro día a día aprendemos a ser padres a base de ensayo y error. He tenido que aprender a confiar en mi instinto, a sabiendas de que puede que esté equivocada. Hay momentos en los que dudo o me arrepiento de algo, y a menudo me entran sentimientos de culpabilidad. Al fin y al cabo, todo lo que haga tendrá impacto en la vida de mi hija y eso me asusta inmensamente. Lo que sí me ayuda es pensar que hago lo mejor que puedo, consciente de que no soy perfecta y que no todo lo que hago va a salir de la mejor forma.

En efecto, buscar la perfección en nuestros papeles es vivir el mito de la súper mujer, lo que solamente te dejará frustrada. En lugar de la perfección busco estar a gusto conmigo misma. Me costó entenderlo pero hoy lo tengo muy claro: nuestros hijos necesitan madres que estén bien. Nuestras exigencias profesionales y rutinas se reflejan en su crecimiento, por lo que si las madres no estamos bien, no logramos gestionarlo todo y compensarles por nuestras ausencias. Es más, cuando estamos a gusto con nosotras mismas, lidiamos mejor con la crítica externa. Por ejemplo, para mí es importante pasar tiempo con mi marido, por esto hemos decidido tomarnos un día a la semana para estar solos. Pero muchos de mis amigos nos juzgan porque no entienden que deje a mi hija con los abuelos para pasar tiempo con mi marido. Aún así seguiré haciéndolo porque estoy convencida de que si yo como mujer no estoy bien, jamás podré ser una buena madre para mi hija.”

Fátima Lourenço, Portugal

Voices of Women

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *