No quiero que mi hija sea una dama

Cuando estaba embarazada y supe que tendría una niña, me empeñé en decirme a mí misma y a mi pancita, que tendría una bebé-niña-mujer que no se dejaría de nadie. Pues déjenme decirles que la cosa se está cumpliendo porque Amalia es un “terremoto”.

Desde el momento que me volví madre de una niña, entendí que por fin tendría la oportunidad de contribuir a la igualdad de género desde la crianza y la educación. Mi hija sería criada para sentirse capaz, segura de sí misma y amarse tal y como es. Tarea que no siempre es fácil, porque todos, incluidos los papás que estamos fomentando este cambio, tenemos creencias y comportamientos que se contradicen y no somos conscientes de ellos. Así que trabajar en este cambio es una tarea de todos los días.

Una parte muy importante de la crianza que quiero implementar con Amalia y también con Santiago, es enseñarles a querer su cuerpo incondicionalmente. El cuerpo que les da la vida, que es saludable, que les permite existir en este mundo, y que deben honrar, respetar y cuidar. Y aunque trabajo todo los días por ello, es algo muy difícil de cambiar por nuestra sociedad.

Crecí en una sociedad como la colombiana donde la belleza tiene talla o cirujano. (Yo nunca estuve en la talla correcta), de pequeña siempre fui flaca, ahora me sobran unos kilos. Desde niña siempre escuché a las mujeres de mi familia quejarse de su cuerpo, lo normal, por lo que ha sido muy difícil para mí no hacer lo mismo frente a mis hijos.

Debido a que creo firmemente en la crianza con ejemplo, no podré guiar a Amalia en amar y respetar su cuerpo sin cambiar yo misma la percepción sobre el mío. Por eso he tenido que cambiar la manera de ver y cuidar mi propio cuerpo dejando atrás las creencias y pensamientos que traía desde pequeña. No soy una experta, soy una estudiante en este tema y quiero compartir con ustedes lo que estoy aprendiendo:

  1. Lo primero que hice fue una lista de todos los pensamientos que tenía sobre mi cuerpo, los buenos y los malos, y descubrí que tenía más buenos que malos, aunque siempre me había enfocado en los malos. Cuando tengo tiempo, ahora trato de echarme unos piropos frente al espejo.
  2. Cambié la creencia que la sociedad nos enseña de pensar que “Si haces “X” cosa para verte bien, serás feliz, la gente te querrá, etc. etc”. Siendo “X”, salir a hacer ejercicio, hacer dieta, entre otras. Hoy por hoy me repito a mi misma: “Como amo mi cuerpo, me voy a hacer yoga, saldré a montar bicicleta o estiraré en casa”. Cambié el hábito de ver el cuidado de mi cuerpo como un sacrificio y obligación, y lo convertí en una recompensa o celebración de amor. Es un tiempo para escapar del ruido y estar sola y desconectada.
  3. Mis hijos son lo que más amo en este mundo y esto lo uso como ejemplo para darle a mi cuerpo el amor que se merece preguntándome lo siguiente: Si amara mi cuerpo como amo a mis hijos, ¿qué haría por él? Es ahí donde recuerdo que cuando estoy con los niños me olvido de mi teléfono y de mi trabajo y me enfoco sólo en ellos; por ejemplo, cuando estamos en el parque y me muero de frío, sé que estoy ahí por ellos. Mi cuerpo merece ese amor, mi cuerpo me mantiene viva, me dio a mis hijos y además todavía los alimenta. #normalizebreastfeeding
  4. Dejé de ver mi peso como un número exacto y ahora lo veo como un rango. Ya sé que entre esos números me muevo y lo manejo con menos frustraciones y sin lío.
  5. Perdoné mi cuerpo de madre, ya perdoné mis estrías y aunque todavia no termino este proceso, voy por muy buen camino. (Me falta perdonar a mi ombligo jajajaja). A esto me refiero a que la maternidad viene con cosas que nos gustaría que no pasaran, pero al final todo vale la pena y el resto nos debe valer …

No se equivoquen, no hago dietas locas, ni me mato en el gimnasio. No es ese cuidado al que me refiero; hablo del balance que persigo como madre de 2 bebes y de Mom Reinvented; de cuidarme en mi alimentación para comer mi postre favorito de vez en cuando, de andar en bicicleta o caminar más en el día a día, de subir las escaleras en vez de tomar el ascensor, de estirar entre las sesiones de Coaching y de hacer rutinas cortas que me regalen un poco más de alegría y sentimiento de logro. La seguridad en nosotras mismas y el amor propio están muy relacionadas con el amor por nuestro cuerpo, son parte fundamental de nuestro desempeño como madres, profesionales, emprendedoras y hasta esposas.

En nuestro retiro de marzo del próximo año, después de nuestra primera cita con el spa, tendremos a una invitada especial, mamá de 2 pequeños, experta en ejercicio y en nutrición, quien nos ayudará a todas a mejorar en este aspecto. Mañana les contaré quién es. Yo ya he empezado a aprender de ella y estoy segura de que les dejará una enseñanza muy clara a las que nos acompañarán en el retiro.

Como estudiante en este tema, quiero hacerle una promesa a Amalia: Seguiré aprendiendo y mejorando en este campo e intentaré no quejarme de mi cuerpo, criticarlo o compararlo. Trataré tu cuerpo igual que el de Santi, con el mismo respeto.

Hija, no serás criada como una dama, sino como una niña que tiene la oportunidad de correr, divertirse, ensuciarse, aprender y desarrollar su fuerza física e intelectual. Tu cuerpo es la mejor casa que tienes para ser feliz. Te amo.

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