Lactancia en tandém, una liberación de las críticas

Cuando mi amiga y fotógrafa Emma tomó esta foto me sentí liberada, y no por andar mostrando las tetas, sino porque al fin me dejó de importar el delito que estaba cometiendo: La lactancia en tandém.

Lactancia en Tandém: Una madre está amamantando a su hijo, vuelve a quedar embarazada, decide no interrumpir la lactancia y seguir dando el pecho durante todo el embarazo. Una vez nacido el pequeño, amamanta a los dos conjuntamente o por separado.

Adiós a la crítica para tomar nuestras mejores decisiones

Antes de ser mamá yo era de esas personas que criticaba a las madres por la manera como criaban a sus hijos… ¡Ahhh, claro, porque yo lo iba a hacer mejor! Pero cuando me convertí en mamá de Santi y empecé a experimentar toda clase de opiniones y cuestionamientos acerca de cómo mi esposo y yo habíamos decidido criar a nuestro hijo, entendí y me prometí nunca opinar sobre otros métodos de crianza.

Una madre vale lo mismo si cría con apego o sin apego, si hace colecho o no, si usa X o Y metodo para dormir al niño, si tuvo parto por cesarea o natural, o si alimenta a su bebé con fórmula o con leche materna. ¡Vale igual! Mientras sea una mamá sana que ame a sus hijos y dé lo mejor de sí misma por ellos.

Amamantar es una experiencia similar a un parto, mientras unas tienen partos sencillos otras sufren tremendamente y nadie debe ser criticado por la decisión que tome frente a algo que solo la mamá puede sentir y vivir.

Esta cultura de vivir sin la crítica a las demás se ha vuelto tan importante para mi, que hace parte de los valores de mi empresa y de mi estilo de vida; he dejado gente hablando sola después de pedirles que dejen de hacer críticas de otros padres en frente mío. ¿Qué te hace mejor padre que otro? Creo que todas estamos en este camino de darle a nuestros niños lo mejor que podemos y ninguno puede creerse mejor que otro.

Cuando Santi tenía 10 meses, me enteré que estaba embarazada por segunda vez, y le pregunte a mi doctora si podía seguir amamantando. Su respuesta fue el comienzo para sentir que estaba haciendo algo malo. “Después del año ya no lo necesita”, me dijo ella. Me encontré con muchos profesionales de la salud y algunos apoyaban la lactancia en tándem y a otros les parecía absurdo o innecesario. Desde ese momento comencé a investigar meticulosamente y aprendí mucho sobre la lactancia; No parece haber evidencia de que el bebé nonato pese menos en el momento del nacimiento o durante su primer año cuando una madre lo amamanta en conjunto con otro niño que cuando lo amamanta exclusivamente a él.

Me dije a mi misma que no me iban a importar las críticas u opiniones de los demás, los 1000 estudios que la gente me presentaba y que mi decisión iba a ser algo entre mis hijos y yo; bueno, y mi esposo que lo vive con nosotros a diario.

Cuando Amalia nació Santiago tuvo unos meses muy duros, sufrió mucho, lloraba y no entendia porque su mamá ahora se la pasaba haciendo dormir a otro bebe. Era muy duro, estábamos agotados, y mi pecho se encargó de darle a mi hijo un consuelo inimaginable y su primer aprendizaje matemático de saber que por lo menos una de mis tetas era de él, y eso nadie se lo iba a quitar. Tuvimos tardes interminables durante los primeros meses de Amalia tumbados los 3 o los 4 descansando gracias a la lactancia.

Adios a las críticas, adiós a los límites

Pero a largo plazo la verdad fue otra, con el afán de no incomodar a nadie o sentirme incomoda, solo amamantaba en casa. Recuerdo ver a Santi llorando y suplicando que lo amamantara, pero tenía que decirle que esperara a que llegaramos a casa para hacerlo. Me sentía haciendo algo verdaderamente malo, que aunque no lo pensara me afectaban comentarios (muchos muy machistas) como “Lo está malcriando”, “Se te va a dañar tu matrimonio” “A tu esposo no le va a gustar verte enchufada todo el día” “Santiago le esta quitando la comida a Amalia”, “Para de sufrir” etc. Esta última afirmación me causaba curiosidad saber de dónde la sacaban, amamantar no requiere esterilizar teteros o cargar con pañaleras inmensas. Quería a toda costa evitar una confrontación de algo que a nadie más le importaba sino a mi y a mi familia, pero olvidé trabajar en filtrar las opiniones y hacer que no me importaran.

Así fue como un 10 de septiembre durante una sesión de fotos muy divertida con 2 amigas y complices de este viaje como emprendedora, le regale a mis hijos un momento de película: sin tabúes ni restricciones. Entendí que no puedo cambiar el mundo y eliminar la crítica. Mi sensibilidad y empatía que funcionan muy bien en Coaching me estaban limitando en mi vida personal. Filtrar lo que entra a mi vida me ayudo a entender que solo se trata de complacer a los mios.

Me liberé, como dice el Gran Combo, me dejó de importar y me encantó; dejaron de existir límites o condiciones para mis hijos en cuanto lo que está bien o mal frente a la lactancia.

Hoy por hoy comparto mi filosofía de “no crítica y no opinión” con mis clientes y les ayudo a liberarse del estrés cuando dejan de criticar o competir entre familias. Sueño con que a las madres se nos quite la manía de estar dando opiniones que nadie nos pide a otras mamás.

Esta foto, amamantar y la crianza en general, son como los sueños y metas que tenemos; mucha gente las critica, nos da opiniones no requeridas sobre nuestros emprendimientos, pero una vez nos llenamos de valentía y nos preparamos para convertirnos en lo que queremos con valor y esfuerzo, dejamos de escuchar lo bano, levitamos en nuestro desarrollo personal, perdemos el “miedo cobarde” y lo reemplazamos por el “miedo atrevido” haciendo lo mejor para nosotras y los nuestros.

Porque esta cara lo vale todo, las invito a luchar por sus sueños y a desvanecer sus limites.

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