Guia tus hijos con ejemplo, manejando tus propias emociones

He estado ausente de mi blog por 14 dias y siento como si hubiera sido una eternidad. Una vez te enseñas a tener una rutina, es más difícil romperla que seguir en ella, pero esta vez necesitaba hacerlo para enfocarme solo en mi.

Hace unas semanas que mi esposo cuida a mi hija durante todo el día mientras yo trabajo. Él está viviendo tiempo completo su paternidad, creando vínculos muy fuertes como yo lo hice con Amalia desde su nacimiento. Sin embargo, desde la primera semana empecé a sentir varios síntomas de estrés. La nueva rutina no se ajustaba a mis necesidades de ser una mamá empresaria y presente con mis hijos. Por lo que comencé a sentirme cansada, irritable y estresada.

Hace 14 días, Santiago regó un vaso de agua, entonces yo grité diciéndole: “¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué riegas el agua?” Santi se asustó, se puso a llorar, entonces empecé a hacerle “coaching” a mi hijo:

Santi, no podes llorar por eso, cálmate, sé fuerte… Hijo, no pasó nada… ” Apenas mi hijo se calmó, me sentí terrible por lo que sucedió. Fue entonces cuando decidí darme una pausa, poner mis sentimientos y a mi misma como prioridad y dejar lo demás a un lado; trabajar en el manejo de mis propias emociones, buscar la razón de mis frustraciones y crear una nueva rutina que se ajuste a mi propia vida. (Siento mucho los que extrañaron mis blogs y gracias a las mamás que me escribieron.)

 

La conclusión más grande de esta pausa, es que no puedo pedirle a mi hijo que reaccione bien a las cosas si yo no lo hago. Para mí, la crianza con ejemplo es lo más importante. No es que yo tenga que ser perfecta, por el contrario, quiero que aprendan que soy imperfecta y que mis hijos no sepan de perfección. La perfección es mala y dañina. Les enseño con ejemplo cómo yo mejoro cada día y aprendo de mis errores; el mejoramiento continuo es la clave.

Está demostrado que cuando no controlamos nuestras propias emociones esto tiene un impacto en nuestra salud y se refleja en enfermedades de depresión, cardiovasculares, respiratorios, entre otros. Si estás abrumada, frustrada, triste, estás luchando contra tus propias emociones y/o tienes dudas sobre la manera como crias a tus hijos, será muy difícil ser la madre que quieres ser. Regular tus propias emociones es la clave para poder ayudar a tus hijos a regular las de ellos.

La forma en que hablamos con los niños sobre las emociones tiene un impacto en su bienestar social, académico y psicológico más allá de los años de la infancia. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que los padres propensos a la ansiedad son mucho más propensos a transmitir sus ansiedades a sus hijos. Nosotros le transmitimos mucho más de lo que imaginamos a nuestros hijos, ¿O no se parecen ustedes a sus padres? No todo es genético, muchas cosas vienen desde la crianza, por lo que a veces repetimos comportamientos de nuestros padres que no quisiéramos tener.

Después de mis 2 semanas de autoreflexión, hoy me siento bien y libre de estrés. Reafirme mis 3 puntos claves que quiero compartir con ustedes:

 

Permítete ser una madre aprendiz:

Aprende una habilidad o un hábito nuevo o mejora en los que ya tienes. La perfección nunca llega y no se debe buscar, en cambio debemos trabajar con una actitud de ser mejores cada día; nos hace entender que no vale rendirse y nos motivamos a ser mejores y más felices. El progreso es la clave y no la perfección. Se trata de enseñar a sus hijos que las emociones existen, pero pueden ser manejadas. Tu hijo observa y aprende de ti cómo debe reaccionar ante emociones fuertes como la ira y la ansiedad. Suprimir nuestras emociones puede causar más frustración y hasta en algunos casos depresiones.

Darte consejos a ti misma:

Ver la situación desde la perspectiva de una persona externa puede facilitar el manejo de la frustración y de las emociones. Cuando estás luchando con una situación particular, imagina que le está sucediendo a otra persona. ¿Qué le aconsejarías a esa mamá que hiciera? Las emociones son como las creencias, al evaluarlas desde la perspectiva de otro, son totalmente diferentes y muchas veces se resuelven. Esta es la razón por la que los coaches aprendemos tanto de nuestros clientes y de nuestra propia vida. Escuchando activamente y poniéndonos en una perspectiva totalmente neutral.

Crea un ambiente de autoevaluación en casa:

Dile adiós a la mamá policía, en cambio crea un ambiente donde se hacen preguntas reflexivas que inviten a mejorar. Al principio se sentirá extraño, pero trabajándolo, se hará natural y la familia se volverá un equipo indestructible. Mis 2 preguntas de reflexión favoritas que utilizo en casa: ¿Cómo podemos hacerlo mejor la próxima vez? ¿Qué aprendimos de esta situación que no repetiremos más?

En conclusión, la vida es como una montaña, cada día trae nuevos retos y es importante tomarnos el tiempo de resolverlos; como en una emergencia de vuelo, cerciórate primero de asegurar tu propia máscara de oxígeno y respirar, antes de ayudar a los demás…

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