El dolor causa placer

Cómo odié esa frase durante tantos años, era la frase favorita de uno de esos ex que quieres olvidar para siempre, y solo hasta hoy la entiendo. No soy sadomasoquista, soy una mujer que reinventó su relación con el dolor debido a sus partos.

A finales del 2014, después de pasar los 3 primeros meses de embarazo, me embarqué en una aventura con mi bebé en la panza: Encontrar la mejor manera de traerlo al mundo. Estaba traumatizada por la idea de sentir dolor, pero sentía curiosidad frente a las opciones y el mar de opiniones que todo el mundo me presentaba. Quería escuchar y explorar mis posibilidades.

Durante 3 meses me dediqué a estudiar mis posibilidades y a entender qué creencias tenía para poder cambiarlas. Estos meses me sirvieron para comprender que mis creencias y mi cultura me hacian mas temerosa al dolor del parto, comparado con mujeres de otras culturas o que habían sido empoderadas para ser más fuertes. Comprendí cada detalle de una cesárea y de un parto natural, cada ventaja y desventaja, lo que me hizo tomar la feliz decisión de tener un parto natural. Todo este proceso de descubrimiento lo hice con una doula y partera, quién fue mi ángel guardián por 9 meses.

Hoy quiero mostrarles todas las cosas que aprendí con ella, para que les sirva a las que están embarazadas y han decidido tener un parto ya sea natural o por cesárea.

Cámbiale la cara al parto

Lo primero que mi doula me pidió cuando me veía angustiada hablando del parto, fue que cerrara los ojos y pensara en una imagen de un parto. La imagen que se me venía a la cabeza era algo como esto:

Basada en miedos de otras personas conocidas que habían tenido cesáreas o en películas de Hollywood, había creado en mi cabeza la percepción de que el dolor de parir era intolerable.

Crea tu propia imagen

Con mi doula empecé a trabajar en quitarle importancia a esa imagen dolorosa del parto. Con ejercicios tan simples como visualizarla, quitarle el color en la mente y alejarla. Cada vez verla más chiquita.

Después de unas semanas, trabajamos en crear mi propia imagen del parto. Aquí era muy difícil crear una imagen de algo desconocido, entonces las dos nos aferramos a encontrar un parto que se viera bonito a mis ojos para poder imaginarlo. Curiosamente el único que encontré y me gustó ver, fue el de una yegua pariendo, ellas paren de pie, y ponen a la gravedad a su favor, se balancean, se concentran y se ve como poco a poco la cría nace. Así que me dedique a imaginarme que era una yegua salvaje pariendo.

Gracias a este ejercicio, creé una nueva foto en mi cabeza y una foto donde veía a una mamá en control, respirando y empoderada de cada etapa de su parto.

Trabaja tus mantras

Al igual que las imágenes, los pensamientos que tienes diariamente pueden limitarte a sentir que eres o no capaz de dar a luz o de hacer cualquier cosa. Trabaja creando mantras y repitelos lo más que puedas. Mis mantras más poderosos durante mis dos embarazos fueron:

· He demostrado que soy capaz de conseguir lo que amo y me propongo. Amo a Santiago y soy capaz de traerlo a este mundo.
· Cada contracción me acerca a ver a mi bebé.
· Puedo sentirlo bajar y girar mientras respiramos juntos.
· Mi cuerpo cede con cada contracción.

Visualiza tu meta, pero no planees cada detalle del parto

Llegando a la semana 8 yo tenía un plan de parto lleno de detalles y con todo calculado, al mostrarselo a mi doula, ella sonrió y me dijo algo que nunca se me olvidará en la vida: ¿Cuál es tu objetivo para el día de tu parto? Yo le hable de mil detalles, a lo que ella me dijo: Nuestro objetivo es que tú y tu bebé estén vivos después del parto, el plan es prepararnos lo más que podamos ahora para que ese día puedas tomar las mejores decisiones bajo presión. La preparación es hoy, durante el parto vamos decidiendo lo mejor que podamos.

Con este ejercicio reforcé el “dejarme llevar”, en vez de querer controlarlo todo. Me enfoqué y visualicé a mi hijo acostado en mi pecho después de nacer y dejé de pensar en el proceso para llegar a ello.

Crea tu equipo de parto

El parto es la primera tarea de papá y mamá. Tener un papá activo el día del parto, que ayude, que esté pendiente, que sea tu voz cuando lo necesites, es vital. Define tu mejor equipo para ayudarte durante todo el proceso. Mi esposo y mi partera fueron vitales en los momentos donde perdí el control.

Crea una cartilla de parto

Cuando estén en casa con las contracciones, tal vez no tengas cabeza para explicar detalles a tu esposo o familia. Necesitas que ellos tomen acción y estén empoderados. Crea una pequeña cartilla y dáselas con tiempo para que sepan cómo utilizarla. La cartilla puede contener información como la siguiente:

Información relevante sobre el hospital, número de teléfono, y cuándo y qué se debe informar (frecuencia de contracciones, fuente rota, color de líquido amniótico, etc).
Tipos de respiración en el parto y posibles posiciones que te ayuden a mantener el ritmo.
Algunos mantras o frases que te gustaría que te recordarán cuando pierdas el control de tu respiración.
Tipos de masajes o presiones que te pueden hacer mientras tienes una contracción.
Cosas para llevar al hospital: maletas, silla de carro, música, fotos, cargadores de teléfono, etc. Habrán cosas que usas diariamente que no tendrás arregladas en tu pañalera. Asegúrate de tenerlas en la lista para que tu equipo de parto se encargue de reunirlas y llevarlas.
Tus deseos de parto para ser respetados (en lo posible).
Los teléfonos de las personas que se deben llamar en caso de emergencia: Aunque ames a tu madre o padre con toda el alma, posiblemente en emergencias es mejor llamar a alguien que pueda tomar la situación con calma y ser útil.

 

Mi primer examen

Esa fue toda mi preparación. A las 41 semanas y 6 días, a las 8 de la mañana, comenzó el día de mi parto. Empezó como un cólico normal, que se iba y venía, y cada vez se hacía más regular. Hacia las 11 de la mañana ya eran contracciones sencillas y yo me sentía como pez en el agua. Tenía la casa llena de velas, colchoneta de yoga, y entre estar en la ducha, la pelota y la colchoneta se pasaron las horas hasta las 5 pm. A esa hora decidimos ir al doctor. Para sorpresa nuestra, solo tenía 1 cm de dilatación. Mi fortaleza se me fue al suelo y entré en un total desespero, esa imagen de hollywood se me metió en la mente y ya ni podía respirar. Mi cuerpo no me dolía tanto, era mi mente que se estaba rindiendo debido al cansancio y la ansiedad.

Volví a casa y desesperada llamé gritando para que me hicieran una cesárea YAAAAAAAAAA. Fue aquí donde mi cartilla y mi equipo de parto fueron fundamentales. Ellos me llevaron la corriente, me dijeron que sí me harían la cesarea, me calmaron y me aplicaron una epidural. Tuve 3 horas de dormir y de calma.

Al despertar a las 7 am del otro día (con 23 horas de trabajo de parto), y los demás que habían descansado un par de horas, nos alistamos para 8 horas más de parto. Ya con la epidural no sentía, pero como les digo, no fue el dolor lo que me quitó el control, fue mi propia mente. Mi esposo se encargó de cambiarme de posiciones y ayudarle a mi partera en todo lo que se pudiera.

Santiago nació a las 3:30 pm después de 31 horas de trabajo de parto. Fue algo muy lindo, un trabajo en equipo. Maravillosamente me lo entregaron de la misma manera que lo visualicé en mis ejercicios junto a mi doula.

Mi segundo examen

El día del nacimiento de Amalia, una nueva Carolina nació. Era como si un animal salvaje estuviera pariendo. No era la mente la que controlaba el parto, era el cuerpo que sabía lo que se debía hacer. Mi partera me veía tan segura y empoderada que casi ni intervenía. Mi esposo recibió a Amalia en sus brazos y me la entregó.

El dolor causa placer, sí, cuando la mente es tan poderosa para saber de qué es capaz y se deja llevar. No es dolor lo que se siente, si se respira es algo muy intenso; me sentía en un clímax. Hoy no quiero tener más hijos, pero a veces cuando estoy debajo de mi cobija, lista para dormir, pienso en que me encantaría probar otro parto de nuevo y sentir aquel poder.

 

 

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